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Las noticias que han llegado desde el laboratorio no puede ser peor para los peloteros dominicanos.

El infielder Domingo Leyba se convirtió este viernes en el cuarto quisqueyano suspendido por el uso de sustancia prohibida y la campaña todavía no arranca.

Leyba, de los Diamondbacks de Arizona, fue sancionado con 80 juegos por una violación del programa de drogas para mejorar el rendimiento del béisbol.

Major League Baseball dijo el viernes que Leyba había dado positivo por Boldenona, un esteroide anabólico.

“Apoyamos el Acuerdo Conjunto sobre Drogas de MLB y las sanciones por violar esa política”, dijeron los Diamondbacks en un comunicado. “Nos decepcionó saber esta noticia y esperamos que Domingo se tome el tiempo del juego para reflexionar sobre sus acciones y aprender de sus errores”.

El jugador de 24 años jugó 21 partidos con los Diamondbacks la temporada pasada, bateando .280 con cinco carreras impulsadas. Se lo considera uno de los mejores prospectos de Arizona y entró en los entrenamientos de primavera tratando de asegurarse un lugar en la lista de las grandes ligas.

Leyba firmó como agente libre internacional con los Tigres de Detroit en 2012 y fue cambiado a Arizona con el zurdo Robbie Ray por el campocorto Didi Gregorius en 2014.

Antes que él se sumaron el mes pasado la aplicada por todo el año al relevista derecho Francis Martes (Astros), luego fue el turno del infielder Pablo Reyes (Piratas) por 80 juegos y más adelante al derecho agente libre Víctor Alcántara, también por 80 encuentros.

El lunes, el equipo Hiroshima de la liga japonesa canceló el contrato al jardinero petromacorisano Xavier Batista por fallar a un control de dopaje.

Desde 2014 a la fecha hay 20 suspensiones que se han aplicado a peloteros quisqueyanos en la MLB. De ellas 12 llegaron entre febrero y abril, es decir, antes de arrancar la serie regular.

Tienen el común de que fueron pruebas que se realizaron en la temporada muerta, cuando se reduce el número de exámenes; y se abre un espacio que invita a jugar la ruleta rusa.

Doparse en esa ventana de seis meses (octubre-marzo) tiene menos riesgos de ser descubierto; da tiempo para hacer una mejor preparación física que dé lugar a negociar un contrato o afrontar los entrenamientos en mejor forma física. En ocasiones ha funcionado a pesar de haber sido atrapado, en otras no.


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