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El coronavirus (COVID-19) llegó para quedarse, según la Organización Mundial de la Salud (OMS/OPS) que recomienda medidas de higiene como eje principal de protección de la salud de la población.

Entre esas medidas destaca lavarse las manos frecuentemente con jabón y agua o un gel para manos a base de alcohol.

Al toser y estornudar, cúbrase la boca y la nariz con el codo flexionado o pañuelo; deseche el pañuelo inmediatamente y lávese las manos.

Y evitar el contacto cercano con cualquier persona que tenga fiebre y tos.

Estas recomendaciones deben seguirlas con mayor énfasis las personas que están pasando por algún proceso gripal y el personal de salud, sobre todo los que mantienen contacto con personas afectadas.

De acuerdo con datos oficiales, el lavado de manos reduce en un 50% el riesgo de contraer el virus.

En este caso, el ministro de Salud Pública, Rafael Sánchez Cárdenas, sugiere que el jabón a utilizar sea de cuaba, porque por años se considera un antiséptico y antibacterial que es más barato y está disponible para toda la población.

Dijo que contrario al alcohol, que solo fija la bacteria, no la mata, el detergente la evita.

Otras medidas de prevención son aplicar las medidas de higiene de manos después de cualquier tipo de contacto con los enfermos o con su entorno inmediato; al igual que antes y después de preparar alimentos, antes de comer, después de usar el baño y siempre que se advierta suciedad en las manos.

En cuanto al personal de salud y cuidadores de personas a domicilio; se sugiere utilizar una mascarilla médica bien ajustada que cubra la boca y la nariz. La mascarilla no debe tocarse ni manipularse durante su uso.

Si se moja o se mancha con secreciones, deberá sustituirse inmediatamente por una mascarilla seca nueva. Para quitarse la mascarilla se utilizará una técnica adecuada que evite tocar su parte frontal. Inmediatamente después de ello se debe desechar la mascarilla y aplicar medidas de higiene de manos.

Aislamiento

Este es otro tema que las autoridades explican que es importante porque facilita la interrupción del virus. La atención domiciliaria es una opción cuando no es posible ingresar al paciente o no pueden ofrecerse todas las garantías de seguridad; debido a las limitaciones de capacidad y espacio o a la imposibilidad de cubrir la demanda asistencial.

Si se da alguna de esas circunstancias, puede atenderse en el domicilio a los pacientes que tengan síntomas leves y no padezcan de enfermedades crónicas subyacentes; como cardiopatías o neumopatías, insuficiencia renal o trastornos asociados a inmunosupresión, que incrementen el riesgo de complicaciones.

El paciente debe estar en una habitación individual, con las ventanas y con una puerta abiertas.

 


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